martes, 27 de diciembre de 2016

A Million Miles Away

EXT. NAVE.DÍA  

(Mientras vemos el exterior de la nave en medio del espacio. Empieza a sonar la voz de Robert cantando una canción). 

INT.NAVE. DÍA  

(Robert sigue cantando mientras termina unas tareas mecánicas en la nave. Se alterna el plano mientras vemos también a Sarah en la sala de pilotaje)

  ROBERT 
(Canta mientras se la escapa una sonrisa)

 I’m lying on the moon… 

SARAH 
(Con tono serio)

 Robert, ¿Has comprobado el sistema de maniobra orbital?

 ROBERT 
(tono burlón y sarcástico) 

Sí, tal y como dijimos, desde la palanca de cambios, hasta el sistema de seguridad, pasando por la máquina de café. Por cierto, ¿tienes planes para esta noche nena? ¿Alguna fiesta en algún ático? Puedo avisar a un par amigos si quieres. 

SARAH 
(Imita el tono de Robert) 

Vaya ¿Alguna vez tuviste de eso? 

(Pasa a un tono serio que progresivamente tornará a algo pícaro) 

Podríamos ver una peli, y luego ya el resto… depende de cómo te portes. 

ROBERT 

Bueno, bueno, me quito el traje espacial, y voy para la cabina. Espéreme despierta señorita, Buzz Lightyear va para allá 

SARAH
 (Mientras ríe)

 ¡Qué tonto eres!

 ROBERT 

Y por eso te convencí de que te vinieras conmigo a Marte.  Te quiero. 

SARAH

 Lo sé 

(Robert continúa cantando la canción de antes mientras va recogiendo la caja de herramientas. Su voz resuena por todos lados, haciendo sonreír a Sarah, la cual se dirige a la habitación para prepararse para la cena) 

In space we’re here a million miles away…    


INT. NAVE. NOCHE 

ROBERT 
(Con tono simpático)

 Traigo la cena, delicioso pollo deshidratado con doble guarnición de pan espacial, directamente desde los fogones de la NASA. ¡Qué aproveche mon amour!

 SARAH
 (Mientras cierra los ojos con cara de satisfacción)

 Oh, menuda delicia, mercy 

ROBERT 

Solo lo mejor, para la chica más guapa de la nave 

SARAH 
(Mientras asiente, y pone un tono divertido) 

Oh, que detalle… Viene usted especialmente guapo, ¿no será para celebrar algo? ¿Un aniversario por casualidad? 

ROBERT 

Eh… es posible… Tengo algo para ti. Sé que no es un anillo, ni un ramo de flores. Los de la floristería me han dejado colgado, no entiendo muy bien por qué. 

(Sarah sonríe y Robert saca una fotografía de su bolsillo y se la entrega. Ésta la desdobla y se queda mirándola embobada)

 SARAH

 Eres un idiota 

ROBERT 

Y lo que te gusta 

SARAH 
(Con tono semi-molesta)
 Y lo que me gustas sí. Y te odio, acabas de hacerme sentir fatal, ¡no tengo nada para ti! 

ROBERT

 Bueno… eso se puede solucionar 

(Robert se inclina y empieza a besar a Sarah. Empieza a quitarle los botones de su camisa, mientras se mueven directamente a la cama, donde acaban. Pero justo cuando él empieza a quitarse la ropa, empiezan a sonar alarmas por toda la nave)

 SISTEMA OPERATIVO DE LA NAVE

 Alerta, estamos atravesando zona de basura espacial. Atención, se requiere cambio manual de rumbo, se requiere cambio manual de rumbo.

 (Robert y Sarah se levantan rápidamente de la cama)

 ROBERT 

¡Rápido, hay que ponerse los trajes espaciales! Tú tráelos, yo iré a la zona de control.

 (Sarah asiente y va corriendo a ello. Robert se dirige a la sala de control. Este observa por la ventana la gran cantidad de residuos que hay, y el tamaño de estos. Y se pone manos a la obra. Sarah por otra parte coge una especie de carretilla para llevar los trajes y una vez reunidos) 

SARAH 
(Con tono de preocupación, mientras se visten) 

Toma, póntelo. ¿Es grave?  

ROBERT 

Más de lo que pensaba 

SARAH

 ¿Y qué vamos a hacer?

 ROBERT

 Si no consigo reubicar esto, tendremos que abandonarla e irnos en las naves auxiliares. 

SARAH 

Pero el combus… 

ROBERT

 Lo sé, no es suficiente para los días que nos quedan y además no caben todos los recursos. Estamos jodidos 

(Robert intenta reconducir la nave pero es prácticamente imposible. Además hay muy poca estabilidad en la nave) 

ROBERT 
(Mientras se mueve muy deprisa, claramente nervioso por no saber lo que está a punto de pasar) 

Tenemos que irnos, cojamos todo lo que podamos y huyamos. Tú ocúpate de la comida y bebida, yo me ocuparé de recursos para la nave 

SARAH 

Y qué haremos si conseguimos escapar 

ROBERT 

La nave auxiliar tiene contacto con la NASA, no nos dejarán en medio del espacio, confía en mí 

(Consiguen reunir una gran cantidad de recursos, se juntan de nuevo y se disponen a ir hacia las naves auxiliares) 

ROBERT 

¿Lo tienes todo cariño?

 SARAH 

Sí, creo que sí 

ROBERT 

He encontrado más combustible y baterías del que pensaba, quizás nos dé para aterrizar en Marte. 

(Robert y Sarah van corriendo por mientras escuchan como la nave principal recibe multitud golpes. Están totalmente desestabilizados. Sarah se tropieza un par de veces, pero no pueden parar. De repente antes de cruzar uno de los últimos pasillos, éste recibe el impacto de uno de los residuos espaciales haciendo un agujero en la pared y haciendo que todo salga por los aires. Todos los recursos recolectados están ahora por el aire. Sarah y Robert son expulsados al espacio exterior) 

ROBERT 
(Gritándole al micrófono de su traje)

 ¡Nooooo! ¡Sarah! 

SARAH 
(Entre lágrimas) 

¡Robert!  


EXT. ESPACIO. NOCHE 


(Robert y Sarah se encuentran enfrente uno del otro, pero con la suficiente distancia para que no puedan tocarse. La oleada de basura ya no azota el espacio. Y la propia gravedad les aleja cada vez más)

. SARAH (
(Sin parar de llorar, con la voz entrecortada) 

Robert… ¿Qué… qué vamos a hacer? 

ROBERT
 (Totalmente destrozado por dentro) 

El traje tiene un botón que en caso de emergencia suministra un gas que nos matará lentamente e indoloro. Pero… ¿Quieres quedarte a hablar conmigo un rato más?

 SARAH
 (Totalmente sumergida en llanto, intentando reír) 

Ahora eres aún más idiota… 

ROBERT 
(Mientras suelta una pequeña risa)

 Entonces, ¿Qué peli quieres que veamos? 

SARAH 
(Intenta centrarse, seguirle la broma, y esboza una ligera sonrisa)

 Quería ver Pretty Woman, ya sabes cómo echo de menos ir compras y…
 (Sarah rompe a llorar y deja de hablar, solo se escucha su llanto) 

ROBERT
 (Hace una breve pausa e intenta seguir con la broma, pero se le entrecorta la voz) 

¿Pretty Woman entonces eh? Tengo preparada una bolsa de palomitas exactamente iguales a las del cine, te van a encantar 

SARAH
 (Sigue sin poder parar de llorar)

 Robert, te quiero tanto… 

(Sarah coge la foto que le había regalado y la suelta, con la suerte de que esta se acerca a Robert. Ahora se muestra al espectador. Es una foto de cuando se conocieron, ambos están inmensamente felices y además esta trae una dedicatoria en la que pone “Todo el espacio exterior cabe ahora en mi interior”)

 ROBERT

 Cielo, todo va a salir bien, nos veremos pronto, si no es que voy al infierno con aquel tipo de la inmobiliaria ¿recuerdas? 

SARAH 
(Suelta una dulce risa)

 Sí, recuerdo 

ROBERT 

Yo también te quiero 

(Robert empieza a cantar hasta que la distancia entre ellos es tan grande, que los transmisores no funcionan, se abre plano y los vemos deambulando por el espacio, tan solitario, tan eterno) 

ROBERT

 I'm lying on the moon. My dear, I'll be there soon. It's a quiet and starry place. Time's we're swallowed up. In space we're here a million miles away… 

miércoles, 28 de enero de 2015

Polvo sobre Polvo

Era una tarde polvorienta, oscura, el poco brillo que quedaba de la tarde se colaba entre las ásperas y rojizas cortinas que cubrían una quebrada ventana a medio cerrar. Es solo otro día en el que he vuelto a beber demasiado pronto, gotas de whisky se escurren sobre mi esófago, como el agua gotea en una vacía y renegrida cueva. Tengo la televisión apagada, las noticias fúnebres y los concursos de ver quién es más listo o más tonto, me han cansado lo suficiente ya por hoy, quizás para siempre. Me levanto algo indispuesto, aturdido, el licor ha hecho de las suyas, creo que voy a vomitar.


Tras hora y media atrincherado en el baño, me encuentro desfallecido, muy mareado. Me acerco dando pasos trastabillados hasta la cocina, por el camino, observo el desastre que es mi piso, unos cuarenta metros cuadrados, prácticamente sin amueblar, sin pintar, las paredes están levantadas y poseen un color que es semejante a una mezcla de verde y ocre, realmente repugnante. De vez en cuando suelen aparecer ratones, al final será que no estoy tan solo. Llego a la cocina, abro el frigorífico cuya puerta rechina como la voz de mi ex-jefa, si, ex-jefa. La muy zorra me despidió anteayer. Para no sorpresa mía, no hay nada, tan solo dos cervezas que guardo desde hace siglos por si alguien se dignaba en venir a verme, un limón que no sé que narices hace ahí, supongo que en toda casa hay uno, “El típico cortado a la mitad, ya magullado y casi sin pulpa ni energía” y finalmente hallo mi futura merienda, un paquete de queso curado ya cortado que está casi más verde que mis paredes, pero que remedio. Supongo que de algo hay que morir, y esta tarde si no es por ésto, sera por aquello.


Una vez finalizado mi gran y delicioso manjar, cojo por última vez mi móvil. Quizás haya un mensaje, una notificación que me devuelva las esperanzas y las ganas de vivir. Con las manos grasientas del queso manchego, mantengo la fría tecla que enciende el teléfono, pero bendita mi suerte, está sin batería... Con un gran enfado, suelto un fuerte suspiro y me levanto de la silla con firmeza y recelo, me dirijo con paso rápido y ofuscado hacia el cajón donde se encuentra el dichoso cargador, y de paso coger mi billete de ida.


Conecto el aparato, se enciende, y con impaciencia escribo la contraseña. Nada, no tengo nada. Ni mensajes, ni notificaciones, nada. Lanzo el móvil por la mesa... ¿En qué ha fallado mi vida?, ¿Cuándo fue que me quedé solo? Ah si, ya recuerdo, fue cuando empecé a ser yo, cuando empecé a decir verdades como puños, a bailar como John Travolta en un agitado local nocturno, a conducir en zigzag... Ah si, me quedé solo cuando empecé a beber. Me gustaría decir que mi novia me dejó también por ello, pero hace años que no sé lo que es eso, eso sí, sé hasta donde tienen los lunares las putas del “Chandelier” Ellas si me querían, me sonreían... Por ochenta euros la hora ya les valía... Bueno lo que venía diciendo, nada. Entonces cojo mi polvoriento revólver Magnum del calibre cuarenta y cuatro, ni uno más ni uno menos. Lo adquirí por Amazon hace un par de meses, vivir en un barrio conflictivo es lo que tiene, pero esa es otra historia. Por cierto muy correcto el servicio de mensajería, dejo este mundo pero lo dejo con un sistema de reparto terriblemente sensacional. Bueno prosigo, lo cojo, abro el tambor e introduzco con mucha delicadeza cada una de las seis relucientes balas, solo necesitaré una pero joder he pagado trescientos pavos, que se
desgasten del roce pal menos. Cargo el arma y lo apunto directamente a mi boca. Diría algunas palabras de despedida pero ya sabéis, tengo el arma entre los labios. Jamás me he sentido tanto como una de las prostitutas de mi querido club de alterne. Voy a apretar el gatillo, me dispongo a despedirme de este vil y aterrador mundo y sin más dilación...


¿Qué esperabais? ¿Un giro de guión? ¿Una llamada repentina de algún admirador secreto? No, esto es la vida real. He hecho cosas que no debería. Y como todo en esta vida, hay que pagar por ello. La soledad viene condicionada por nuestros actos, acciones y ahora ya no puedo evitarlas, olvidarlas. ¿El camino fácil? Probablemente si, pero disculpadme por no llevar capa ni espada. Todos buscamos lo fácil al igual que todos queremos ser ricos sin mover un dedo. Este mundo. está lleno de hipócritas, marionetas, y yo el primero. Queremos sinceridad, pero cuando la encontramos la odiamos, odiamos que nos quiten la venda y nos hagan ver la realidad. Así me quedé solo, nadie me quería, y decidí apretar el gatillo cuando incluso yo, dejé de quererme.                                                                                                                            
                                                                                                                                      Antonio Crespo.

martes, 27 de enero de 2015

El Laurel

Paseo descalzo sobre una senda sombría y tenue, es una senda como de piedra, áspera, en un cierto punto incomoda. Me encuentro algo desorientado, desubicado algo confuso, desconozco por qué estoy aquí. Hace una temperatura idónea, ni frío, ni calor, perfecta. Si que corre una ligera brisa que me invita a caminar. No se ve nada al horizonte, tan solo diviso los tonos grisáceos de los que se compone el pavimento. De repente algo brota de las penumbras, algo con forma arborescente. Se encuentra a unos veinticinco metros de distancia. Decido correr hacia ello, pero no siento el control de mis piernas, no sé que me ocurre, avanzo pero no a la velocidad que me gustaría. Mientras me cuestiono si estoy haciendo lo correcto, pero sigo empecinado.


Ya consigo distinguir la clase de árbol que es, parece un Laurel, es el más bonito y espléndido que haya visto. Estoy a pocos metros, hay algo en él que me atrae. Me siento narcotizado, siento una necesidad irascible e irrevocable de llegar, me emociona el mero hecho de pensar en acariciarlo. Y justamente cuando estoy a punto de arribar, algo me obstaculiza. Hay una especie de pared, un muro cristalino, intento rodearlo pero el vidrio cubre el Laurel como si de una cúpula se tratara. Lo golpeo, lo golpeo con todas mis fuerzas, pero no hago más que dañarme, es irrompible, inquebrantable. Mis piernas tiemblan, de mi nace un nerviosismo atronador y aterrador producido por tal impotencia. Doy un grito maldiciendo mi suerte. Decido sentarme, el suelo está frío y algo húmedo, la temperatura está empezando a decaer, lo tengo ahí casi puedo olerlo, casi puedo sentirlo.


 Ha pasado ya un tiempo, estoy helado, todo el sendero recorrido vertiginosamente, y justo cuando estaba más cerca, ese dichoso y caprichoso cristal me priva de mi tan ansiado e inesperado anhelo. Desde el suelo con las pocas fuerzas que me quedan sigo arremetiendo contra el cristal, pero no consigo más que ensangrentar mis puños. La temperatura sigue disminuyendo. Sollozando alzo la vista hacia al árbol. Repentinamente una llama empieza a brotar de una de sus hojas, poco a poco va consumiendo las ramas y con ella mis deseos. Ya casi no puedo articular ninguna parte de mi cuerpo, rompo a llorar, veo mi reflejo en mi tormento, contemplo mis lágrimas caer, ojalá pudiera apagar el fuego con ellas, pero no, es demasiado tarde, no hay nada que yo pueda hacer. Me resigno, y adopto una posición más desahogada, con mis nudillos bañados en sangre y dolor contra mi pecho. Conforme el Laurel arde, va perdiendo su brillo y mi alrededor se va tornando cada segundo más y más oscuro, dantesco y frío. Y justo cuando exhalo mi última respiración, el árbol se termina de consumir. No queda nada de luz en el ambiente, todo está envuelto en tinieblas y oscuridad. Todo está muerto y yo muero con ello.                                                                                                                        

                                                                                                                                    Antonio Crespo.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Bienvenidos

Bienvenidos a mi nuevo blog, un blog en el que haré reflexiones, relatos, lo que sienta. Inicio este proyecto, y espero que no muera.  Espero que os guste. Si queréis preguntar algo, mi twitter es @Acrespo_96